Ana María y las aguas de marzo

 

        «La bella durmiente no era una ejecutiva que vivía en Madrid o Berlín,
era una niña a la que tuvieron durmiendo cien años… como a todas».

 Ana María Matute

 

El 16 de marzo de 2011 la Biblioteca Nacional, dentro de las actividades del Festival Ellas Crean, acogió la actividad «La verdadera historia de la Bella Durmiente». En este acto, se pretendía hacer una aproximación al papel de la mujer en el cuento popular, a través de la figura de la Bella Durmiente, como ejemplo escandaloso de la censura a la que se vieron sometidas estas historias de tradición oral por el puritanismo bienintencionado de la sociedad burguesa. La clave de la historia está en que el cuento no finaliza cuando el príncipe la besa y la «despierta», sino cuando, muchas peripecias después, la princesa se enfrenta ―ella solita― a un personaje, concretamente, su suegra, convertida en ogresa, que quiere destruirla a ella y a sus hijos.

Gracias al trabajo de Ana María Matute, El verdadero final de la Bella Durmiente, y a la obra de teatro de Antonio Rodríguez Almodóvar, Pero qué soñó la Bella Durmiente, conocemos en España el final de la historia.

Tuve la suerte, entonces, de fusionar estas dos obras y elaborar una breve versión de ambas para crear un guión que sintetizara, en aproximadamente media hora, la idea fundamental de esta «verdadera historia».

El motivo de esta versión exprés de dos obras tan importantes, magníficamente interpretado por los actores Pepa Pedroche y Jorge Quesada, fue ofrecer al público asistente unas pinceladas de los textos sobre los que hablarían posteriormente sus autores. La fantástica consecuencia de este extraño trabajo fue conocer a Ana María Matute.

Descubrir a una mujer que no interpretaba ningún papel de mujer (hay muchos y de variados colores, pero siempre son papeles, es decir: arquetipos prefabricados, es decir: falsos) fue una experiencia muy grata e inusual. Y lo que más me llamó la atención de esta positiva falta de postulado femenino es la imagen de dulzura que transmitía, sin que en absoluto fuera su intención ser dulce, la capacidad de escuchar lo que le interesaba y despistarse cuando más le convenía, pero, sobre todo, de decir siempre lo que le daba la gana, especialmente porque el contenido de lo que decía tenía que ver en todas las ocasiones con algo auténtico, singular y constructivo. Ana María Matute era una mujer libre y así lo demostró durante toda su vida, y me encantaría que esta frase se interpretara igual que si escribiera «Ana María Matute era un hombre libre», porque en realidad, de esos, también hay escasez.

Pensando en ella, en su obra y en su vida, y en la suerte que tuve de conocer a una mujer libre que no por casualidad era escritora, precisamente, en las celebraciones de marzo en torno al día de la mujer, he recordado la maravillosa canción de Elis Regina, Aguas de Março, con esa letra tan potente.

Desde Musa las 9 queremos dedicársela a ella, por la literatura, la libertad y la vida.

Disfruten.

Beatriz Rodríguez Delgado

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